Todos estamos expuestos a un volumen de información sin precedentes. Y para darnos cuenta ni siquiera tenemos que mirar veinte años atrás o remontarnos a algún otro momento en el siglo XX. Simplemente tenemos que volver la vista cinco años atrás, cuando Facebook o Twitter no era algo presente en el día a día, cuando un smartphone, que nos mantiene permanentemente conectados, era algo propio de unos pocos. Esa es nuestra naturaleza actual, tenemos acceso instantáneo y continuo a todo tipo de datos, es****de lo que estamos hechos: información.
En esta situación no es sorprendente que el usuario ignore la mayor parte de la información recibida y preste una atención superficial al resto. ¿Cómo hacemos llegar nuestros mensajes a estos usuarios sobreinformados?
-**Reduce el número de mensajes.**Cuéntale sólo lo estrictamente necesario.
-Apórtale información útil. Debe identificarte como una fuente que merece la pena seguir.
-Debes ser creíble, pero sobre todo te tienen que percibir así. Si lo que cuentas no encaja con la idea de cómo debe ser, aprende a modular tu mensaje o descubre cómo conseguir que “compren” tu punto de vista.
**-Intenta destacar de alguna forma.**No escribas temas que trata el resto, crea un estilo personal y original.
-Utiliza la emotividad para llegar a tu público. Es algo que conecta muy bien con la audiencia.
Puedes crear un mensaje diferente, modular el cómo, decidir el cuándo y a quién te diriges. Tienes la capacidad de gestionar completamente tu comunicación. ¿Eres de los que se dejan llevar o de los que controlan el rumbo?
Imagen por: @Matylda
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